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Extracto de libro “Teoría de la locura”

 

Capítulo 4  El lenguaje y la locura

Preámbulo: 

En eL paper: “An all-or-nothing thinking turns into darkness: Relations between dichotomous thinking and personality disorders”, de Atsushi Oshio (2012) se comprueba, a través de un estudio cuantitativo, que existe una alta correlación entre el pensamiento dicotómico y desordenes de personalidad. Sin embargo, se establece la alta correlación, pero no cómo se produce esa correlación que es algo que Byung chul han en uno de sus libros cuestiona y critica muy rigurosamente, por esto el decurso de este capítulo pretende dar una respuesta a este necesario punto que falta y que construye las bases para una teoría de la locura:

 

El lenguaje:

Desde las lecturas de la filosofía del lenguaje se puede llegar a Parménides y Heráclito, tal vez el problema provenga de mucho antes con el nacimiento de la conciencia, tema en el que estoy indagando, pero por esto comenzaré con lo que está más accesible en este momento.  En una figura muy poco prudente frente a los ojos y boca del lector, planteo que el lenguaje es un modelo de acercamiento a la realidad, no la realidad en sí, esto acarreará muchas polémicas, pero pueden verlo en matemáticas cuando se realiza  una regresión no lineal para lograr dar cuenta de la forma de una curva de comportamiento muy singular, cada regresión a medida que aumenta la información de datos y los procesos de regresión mejoran hacen que ésta sea cada vez más parecida a la curva en cuestión, pero aún así y a pesar de que la regresión no lineal sea muy buena no será la curva en cuestión, seguirá siendo un modelo. Puede verse también en música digital donde la frecuencia de muestreo cada vez más alta logra un sonido mucho mejor, con una frecuencia de muestreo de 48000 Hz ya suena muy bien, con una frecuencia de muestreo de 96000 Hz ya es notable el sonido… pero sigue siendo aún un modelo, un excelente modelo pero modelo al fin.

Sufrimos y padecemos la perentoria necesidad de ponerle nombre a aquello que no lo tiene o que no debería tenerlo, tratando de calmar y apaciguar una angustia que nos produce de lo desconocido, la trampa del lenguaje, la calma que genera al nombrar produce un acercamiento que lo hace conocido, lo transforma en asible. Es como escribieron mis queridas estudiantes de terapia ocupacional: “Un lugar de encuentro entre las imágenes, letras y sonidos, en donde la relación cobra sentido dado un contexto de interpretación enmarcado por una historia, cultura, norma y representación social. Es el escenario en donde se entrecruzan palabras, colores, imágenes y sonidos, que fuera de este marco de contención no son nada y todo al mismo tiempo, es así como este espacio pasa a ser un no lugar, no hay encuentro, no hay relación (Auge, 2002). Y, a partir de esto, surgen las interrogantes: ¿Si lo que veo y nombro no es como creo que es? ¿Por qué tendría que buscar una representación de las palabras con las imágenes? ¿Por qué habría que darle un significado?”.

Y concluyen ellas con una hermosa forma: “En el abismo de las palabras, entre lo desconocido y lo extraño, el lenguaje aparece como el dueño que denomina y crea todo lo que no tiene nombre”. (Troncoso C. Campodónico J, Villalobos D, Salinas F.)

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